martes, 27 de septiembre de 2011

AMOR PA’ QUÉ*. LA MUERTE DE UN HINCHA ES LA MUERTE DEL FUTBOL (IV)

David Sánchez-Manrique Pancorvo, presunto
autor del asesinato de Walter Oyarce
Ha causado sorpresa el enterarnos que David Sánchez-Manrique Pancorvo, uno de los sujetos involucrados en el asesinato de Walter Oyarce, ocurrido el día sábado 24 en el estadio Monumental, pertenece a un estrato económico acomodado.
Sin embargo, esta noticia debe ser aprovechada para enfrentar de manera directa éste flagelo denominado barras de futbol.
¿De qué manera?
Entendiendo de una vez por todas que no se trata de un fenómeno única y exclusivamente asociado a los sectores más humildes de la población (aunque, como siempre en la historia de nuestro país, se quiera salvar la imagen de la clase A, diciendo que participaron también gente de la barra de la tribuna norte).
No es sólo la pobreza, la falta de empleo,  la que motiva a jóvenes en edad productiva ingresar a una de estas barras o formar parte de la violencia que se asocia a ellas (no todos son barristas).
Violencia en las tribunas de nuestros estadios
El problema pasa por un inexplicable apego a un futbol local, que -pese a los raros rankings elaborados por la FIFA- es uno de los más bajos en calidad técnica. Prueba de ello es que no tenemos ni un solo equipo, de los llamados grandes, que haya conquistado un título internacional de categoría. El único, fue un equipo del Cuzco, el año 2003 (Copa Sudamericana) y 2004 (Recopa Sudamericana), pero que no influenció cambio alguno.
Dos de esos equipos grandes arrastran la mayor cantidad de hinchas, pero ninguno, vuelvo a insistir, ha vestido de gloria su historial institucional. No puede contarse los campeonatos locales obtenidos ya que en un mundo globalizado como en el que vivimos hoy, la verdadera forma de medir la clase y calidad deportiva no pasa por ganarse entre equipos del mismo medio sino por competir con rivales de otros medios.
Equipo del Cienciano del Cuzco, campeón de la Copa
Sudamericana 2003 y Recopa Sudamericana 2004
Año tras año, nuestros equipos, fracasan en su participación en la Copa Libertadores. Suben y bajan (otros bajan por una larga temporada y otros para siempre) de categoría, muchos equipos que suben a la primera categoría bajan en la primera oportunidad; casi todos tienen problemas de  pago de sueldo a sus jugadores o muchas veces no tienen dónde entrenar, deben tributos, etc. Los jugadores del medio rotan en casi todos los equipos y sin embargo la prensa deportiva cada inicio de temporada hace una cobertura de fichajes como si se tratara de hechos sin precedentes.
Última vez que celebramos la calsificación a un mundial.
Fue al de España en 1982. Coincidió con la despedida de
Hector Chumpitaz de la Selección. Domingo 6 de setiembre de 1981.
El futbol peruano hace ya 30 años no concurre a disputar la final de un mundial. Los aficionados tienen que soportar unas eliminatorias larguísimas para terminar aceptando otro mundial en el que apoyarán, sentimentalmente, a selecciones de otros países.
La peruana, es una afición que sólo vive de glorias episódicas (hazañas le decíamos). Incluso, somos una afición acostumbrada a utilizar calculadora para establecer las posibilidades de clasificar de nuestra selección, costumbre que fue introducida por personajillos de medios de comunicación.
No es una burla, es una decepción, un lamento de mi parte, porque a mí también me gusta el futbol y cuanto diera por ver a los equipos y selección de mí país jugar de igual a igual con los extranjeros.  
ültimo partido de una selección peruana en los mundiales
de futbol FIFA, ante la selección de Polonia.
Polonia 5, Perú 1.
¿Qué es lo que atrae la admiración, la pasión del hincha? ¿Qué es lo que motiva al padre de familia infundirle al hijo el amor a una determinada camiseta de uno de nuestros equipos? ¿Se está actuando por mera costumbre o tradición?
Tal vez el futbol en realidad sea un pretexto ya que muchos indeseables se han dado cuenta que bajo esa fachada, las autoridades siguen mostrando cierta condescendencia, lo que les facilita cometer delitos de manera encubierta, hecho que incluso hasta los mismos dirigentes aprovechan.
Tal vez el público consumidor (que todavía va a los estadios o que lo ve por televisión), hace tiempo padece de una suerte de disgeusia** por lo que ha perdido la capacidad de exigir calidad y se ha conformado con la mediocridad, lo que de alguna manera afecta nuestro desarrollo como sociedad de estos tiempos modernos.
Combatir la delincuencia exige analizar el por qué de las conductas lesivas, con ello se pueden establecer los medios de preverlas, contenerlas y por qué no, reducirlas.
(*) Título de una canción escrita por Rubén Blades.
(**) Trastorno del sentido del gusto.
Max Marruffo S.

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