miércoles, 28 de septiembre de 2011

CONSIDERACIONES FINALES

Al parecer, las investigaciones respecto del asesinato de Walter Oyarce ya están encaminadas a la preparación de la denuncia fiscal ante el juez penal a fin que se inicie el proceso respectivo.
No vamos a hacer una crónica de dicho proceso, para ello están los medios de comunicación, sólo nos limitaremos a resaltar detalles que como ciudadanos no podemos dejar inadvertidos.
Estadio Monumental
Por consiguiente, ahora que la justicia se hará cargo, basta señalar que, además de quienes causaron la muerte de Oyarce, existen personas a las que se les puede responsabilizar civil y penalmente por conductas, vinculadas indirectamente a ese hecho. También cabe insistir que en el Perú no existe la cultura adecuada para el ejercicio del derecho de propiedad de estos bienes inmobiliarios, llamados palcos, dentro de estadios de futbol.
Hemos podido apreciar por los noticieros como, a medida que pasaban las horas, desde el crimen, hasta que aparecieron las imágenes de los posibles responsables, algunas personas han querido acomadarse efectos de salvar sus responsabilidades.
Vista del terreno de juego desde un palco:
Estadio Monumental
Es el caso del Presidente de la Junta de Propietarios de los palcos que en una entrevista radial, el domingo por la tarde, responsabilizaba a cada uno de los propietarios de lo ocurrido la noche del sábado, para luego, mediante nuevas declaraciones y comunicados, al inicio de la semana, hacernos creer que se han hecho valer acuerdos y reglamentos internos y que en todo caso, no obstante, haberse contado con vigilancia privada, a ésta y a la policía se le presentó una situación difícil de controlar.
No pongo en duda que exista un reglamento interno (de los derechos y obligaciones de cada propietario de los palcos), mas lo cierto es que, el presidente de dicha junta no entiende que estamos ante un tipo de propiedad sui-generis que no está menos protegida que cualquier tipo de propiedad, pero cuyo ejercicio se debe adecuar en razón de la naturaleza a la que está destinado el bien. Un ejemplo absurdo si se quiere para explicar esto sería la propiedad vehicular. Esta, por las características de los automóviles y los posibles riesgos que su conducción implica se sujeta a normas y reglamentos de tránsito. Eso no quiere decir que se esté limitando o restringiendo el derecho de propiedad vehicular.
No es solo por los rasgos que representa la afición al futbol en nuestro país, asociada hace muchos años a la violencia dentro y fuera de los estadios, sino también, por el hecho que estamos ante edificaciones dentro de recintos que albergan a un gran número de personas que, la posesión de un placo, exige un control acorde con los peligros que la reunión de una multitud en un espectáculo deportivo puede provocar. El futbol, como la música generan pasiones, arrebatos, no podemos soslayarlo.
Gramado, tribunas y palcos: Estadio Nacional
Lo que sucede, es que no se ha dado la legislación adecuada que regule el ejercicio de  ésta clase de propiedad y de su posesión. El estadio Monumental ya no es el único recinto que cuenta con ellos, ahora el estadio nacional también, el estadio de Matute aunque con pocos. Se hace necesaria.
Además, ante la amenaza de su comisión o ante la ejecución de un delito, la fuerza pública cuenta con atribuciones que les impide ser imputados de violaciones al derecho de propiedad, lo que significa que el ejercicio del derecho de propiedad no es incompatible con la protección a determinados bienes jurídicos*.
No es cierto, que lo que ocurra dentro de cada uno de los palcos de un estadio es solo absoluta responsabilidad de cada uno de los propietarios y que por ello nada pueda hacer una junta o administración. Garantizar el normal uso de estos interesa a todos ellos puesto que conductas como la ocurrida el día sábado en el estadio Monumental pone en riesgo la vida, integridad física y patrimonio de los demás propietarios. No puede decir la junta que, el arrojar cualquier tipo de objeto para abajo, esto es, a la tribuna, es algo que solo vincula al propietario del palco.
Reiteramos, para no permitir este tipo de excusas, se hace necesaria una legislación referida al ejercicio del derecho de propiedad y posesión de los palcos.

Palco y tribuna. Estadio Monumental
Por otro lado, los directivos del club que actuó como local en el partido de futbol del día sábado, no pueden decir que ellos sólo se responsabilizan por el espectáculo deportivo y en todo caso por la seguridad de las tribunas.
En este caso se quiere hacer creer que tribunas y palcos implican elementos independientes en cuanto al tema de seguridad y control.
Jurídicamente, de acuerdo a los contratos y técnicamente, de acuerdo a los planos, declaraciones de fábrica e independización, puede decirse que estadio y palcos implican propiedades diversas, pero en cuanto a la seguridad y control, es peligroso que se quiera aplicar una suerte de ficción legal.
A los palquistas y a los directivos del club cabe recordarles que todos son parte del evento y así, como un hincha de tribuna se hace responsable de sus actos cuando estos afectan a los demás; el dueño de un palco, su poseedor o arrendatario también. Hemos visto en las imágenes de televisión que hubo gresca dentro de los palcos, que de estos se arrojaban objetos a las tribunas, esas conductas afectan el mismo evento no a otra cosa o mejor dicho no ocurren en otro sitio. Y, como no ocurren en otro sitio la responsabilidad de los directivos del club es no haber actuado como corresponde y creo, que lo mejor era haber pedido se detenga el juego si la situación no permitía su continuación. De acuerdo a todo lo conocido, mucho antes de la muerte de Walter Oyarce (último minuto del partido), ya se venían dando problemas en los palcos.
Momentos en que Walter Oyarce, aún con vida, es trasladado
a una ambulancia. Se puede apreciar como la policía, con sus
escudos, protegían su cuerpo de los objetos que eran lanzados
desde los palcos
Si como directivo, ahora, me defiendo diciendo que los palcos son problema de sus propietarios, por lo mismo, en el momento de los problemas, debería evitar que por lo ocurrido ahí, luego se me quiera responsabilizar a mí. Si no hay cultura del ejercicio del derecho de propiedad de un palco, tampoco lo hay respecto del ejercicio del derecho de propiedad de un estadio como el Monumental.
Para terminar, ayer por la mañana un funcionario, aparentemente de la empresa Gremco (hasta hoy queda poco claro qué tiene que ver Gremco con el Monumental) dijo que no se había registrado imágenes de los hechos dados en los palcos de la tribuna sur, en especial del palco 130-C; para que en la noche, en un programa del mundo del espectáculo, se difundan imágenes tomadas por las cámaras de seguridad en el momento de los hechos. Estas imágenes, sin embargo, al parecer (no queremos ser categóricos puesto que no ha sido propalada dentro de las investigaciones fiscales policiales) no registraron el momento mismo en que cae Walter Oyarce. Lo que se ha visto es que de un momento a otro, luego de enfocar a personas pasando de un palco a otro y de enfocar peleas entre personas el interior, las imágenes presentan la parte baja cuando Oyarce aparentemente ya había caído.
Si se ha dado la manipulación de las imágenes esto constituye delito independiente del asesinato, y es un delito contra la administración de justicia. No se trata de una complicidad ya que la complicidad solo existe cuando se está ejecutando un delito y una persona ayuda a que ese delito se cometa. El que manipula las imágenes para que no se pueda descubrir al autor de un hecho realiza una conducta independiente de ese hecho y eso se denomina encubrimiento real.
POR LO EXPUESTO:
Muy seguro, que mañana y los siguientes días se irán conociendo más cosas, se seguirá discutiendo quiénes tienen una responsabilidad civil y hasta moral en esta tragedia. Lo que nosotros, la sociedad, no debemos permitir es que este hecho no sirva de nada y nada cambie. No debemos confundirnos tampoco en dónde apuntar. Es cierto, el futbol, como juego o deporte, no es el problema. El problema es todo aquello que se está permitiendo existir alrededor de él. Debemos exigir el estudio, análisis de las causas de una afición inexplicable a un deporte que en resultados no logra nada. No debemos aceptar o manifestar nuestra conformidad con soluciones emotivas que solo buscan calmarnos el susto hasta que se nos pase. Cuidado que, terminar con el campeonato o disponer que los partidos se jueguen a puertas cerradas sin la presencia de público implica dejar a los salvajes gruñendo afuera liberando su frustración con gente y patrimonio inocente. Recordémosle a la autoridad que la violencia de las barras o de gente que se dice aficionada a un equipo de futbol se da no solo dentro de los estadios en donde se juega, por lo general, solo sábados y domingos, sino también, en las calles el resto de los días dejando muertos y heridos.

En estas imagenes se puede apreciar, una pelea, al parecer entre hinchas de un mismo equipo. Si ponemos atención, veremos como un padre de familia protege a sus pequeños hijos, puesto que se encontraron en medio de ella. Al final, se puede ver la banderola que fue el motivo por el que, al parecer, fue atacado Walter Oyarce.
Lo ocurrido el día sábado 24 setiembre no ha sido el único hecho de violencia entre miembros de barras rivales. Estas son imágenes de un hecho acontecido en mayo del año pasado.
(*) Artículo 70° Constitución: El derecho de propiedad es inviolable. El Estado lo garantiza. Se jerce en armonía con el bien común y dentro de los límites de ley…

martes, 27 de septiembre de 2011

AMOR PA’ QUÉ*. LA MUERTE DE UN HINCHA ES LA MUERTE DEL FUTBOL (IV)

David Sánchez-Manrique Pancorvo, presunto
autor del asesinato de Walter Oyarce
Ha causado sorpresa el enterarnos que David Sánchez-Manrique Pancorvo, uno de los sujetos involucrados en el asesinato de Walter Oyarce, ocurrido el día sábado 24 en el estadio Monumental, pertenece a un estrato económico acomodado.
Sin embargo, esta noticia debe ser aprovechada para enfrentar de manera directa éste flagelo denominado barras de futbol.
¿De qué manera?
Entendiendo de una vez por todas que no se trata de un fenómeno única y exclusivamente asociado a los sectores más humildes de la población (aunque, como siempre en la historia de nuestro país, se quiera salvar la imagen de la clase A, diciendo que participaron también gente de la barra de la tribuna norte).
No es sólo la pobreza, la falta de empleo,  la que motiva a jóvenes en edad productiva ingresar a una de estas barras o formar parte de la violencia que se asocia a ellas (no todos son barristas).
Violencia en las tribunas de nuestros estadios
El problema pasa por un inexplicable apego a un futbol local, que -pese a los raros rankings elaborados por la FIFA- es uno de los más bajos en calidad técnica. Prueba de ello es que no tenemos ni un solo equipo, de los llamados grandes, que haya conquistado un título internacional de categoría. El único, fue un equipo del Cuzco, el año 2003 (Copa Sudamericana) y 2004 (Recopa Sudamericana), pero que no influenció cambio alguno.
Dos de esos equipos grandes arrastran la mayor cantidad de hinchas, pero ninguno, vuelvo a insistir, ha vestido de gloria su historial institucional. No puede contarse los campeonatos locales obtenidos ya que en un mundo globalizado como en el que vivimos hoy, la verdadera forma de medir la clase y calidad deportiva no pasa por ganarse entre equipos del mismo medio sino por competir con rivales de otros medios.
Equipo del Cienciano del Cuzco, campeón de la Copa
Sudamericana 2003 y Recopa Sudamericana 2004
Año tras año, nuestros equipos, fracasan en su participación en la Copa Libertadores. Suben y bajan (otros bajan por una larga temporada y otros para siempre) de categoría, muchos equipos que suben a la primera categoría bajan en la primera oportunidad; casi todos tienen problemas de  pago de sueldo a sus jugadores o muchas veces no tienen dónde entrenar, deben tributos, etc. Los jugadores del medio rotan en casi todos los equipos y sin embargo la prensa deportiva cada inicio de temporada hace una cobertura de fichajes como si se tratara de hechos sin precedentes.
Última vez que celebramos la calsificación a un mundial.
Fue al de España en 1982. Coincidió con la despedida de
Hector Chumpitaz de la Selección. Domingo 6 de setiembre de 1981.
El futbol peruano hace ya 30 años no concurre a disputar la final de un mundial. Los aficionados tienen que soportar unas eliminatorias larguísimas para terminar aceptando otro mundial en el que apoyarán, sentimentalmente, a selecciones de otros países.
La peruana, es una afición que sólo vive de glorias episódicas (hazañas le decíamos). Incluso, somos una afición acostumbrada a utilizar calculadora para establecer las posibilidades de clasificar de nuestra selección, costumbre que fue introducida por personajillos de medios de comunicación.
No es una burla, es una decepción, un lamento de mi parte, porque a mí también me gusta el futbol y cuanto diera por ver a los equipos y selección de mí país jugar de igual a igual con los extranjeros.  
ültimo partido de una selección peruana en los mundiales
de futbol FIFA, ante la selección de Polonia.
Polonia 5, Perú 1.
¿Qué es lo que atrae la admiración, la pasión del hincha? ¿Qué es lo que motiva al padre de familia infundirle al hijo el amor a una determinada camiseta de uno de nuestros equipos? ¿Se está actuando por mera costumbre o tradición?
Tal vez el futbol en realidad sea un pretexto ya que muchos indeseables se han dado cuenta que bajo esa fachada, las autoridades siguen mostrando cierta condescendencia, lo que les facilita cometer delitos de manera encubierta, hecho que incluso hasta los mismos dirigentes aprovechan.
Tal vez el público consumidor (que todavía va a los estadios o que lo ve por televisión), hace tiempo padece de una suerte de disgeusia** por lo que ha perdido la capacidad de exigir calidad y se ha conformado con la mediocridad, lo que de alguna manera afecta nuestro desarrollo como sociedad de estos tiempos modernos.
Combatir la delincuencia exige analizar el por qué de las conductas lesivas, con ello se pueden establecer los medios de preverlas, contenerlas y por qué no, reducirlas.
(*) Título de una canción escrita por Rubén Blades.
(**) Trastorno del sentido del gusto.
Max Marruffo S.

lunes, 26 de septiembre de 2011

MISERIA MORAL. LA MUERTE DE UN HINCHA ES LA MUERTE DEL FUTBOL (III)

Paola Vargas O.
Hoy aparece una nota en la que el padre de María Paola Vargas Ortiz, estudiante universitaria que muriera en manos de miembros de una barra de futbol el año 2009, atribuye a las autoridades incompetencia para librar a la sociedad de éste flagelo.
Señala, además, que, la condena al sujeto que empujó a su hija de un vehículo de transporte urbano en movimiento, Ronny Ramos Pérez (a) Bolón, no ha servido de escarmiento. Cree que luego de la muerte de Walter Oyarce, se pondrá paños fríos al problema y pronto será dejado en el olvido y las cosas seguirán igual en los estadios.
Yo relaciono estas declaraciones con el hecho que, como lo más natural del mundo, los medios informativos (prensa, radio y televisión) siguen comentando el encuentro entre los equipos de Alianza Lima y Universitario de Deportes del día sábado. El que se mencione en los artículos, notas y reportajes, que el cotejo terminó con un hecho lamentable no permite levantar la sospecha que tiene ése señor. Mañana la historia de Walter, como la de su hija, será una historia más, no el inicio de un cambio, sino, la continuación de lo mismo. Incluso ya se está hablando de posibles escenarios donde Universitario de Deportes pueda jugar un partido de un torneo internacional y los que les queda en el local.
No se aprecia, por parte de gente que está involucrada en el problema -aunque quieran sacar el cuerpo- actos de verdadera contrición. Todos lamentan pero inmediatamente pasan a culpar a los demás, nadie, hasta este momento ha aceptado culpa propia. Peligrosamente nos hemos acostumbrando en el Perú a este tipo de conductas inhumanas, de frialdad y desapego por el dolor ajeno. Y esto, no solo ocurre en los hechos violentos que nos da eso que llamamos futbol peruano, sino también, en la política ¿Cómo se habrán sentido los padres de los cinco miembros de la policía asesinados en lo que se recuerda como el Andahuaylazo, cuando quien fungía de Presidente de la República en ese entonces, luego, este año, por cálculo político avaló una candidatura por parte de quien quiso, con ese acto, defenestrarlo del poder que válidamente había obtenido en las urnas?
Walter Oyarce
¿Se ha puesto usted a pensar qué han sentido los padres de Paola y de Walter cuando en medio de su dolor, pudieron comprobar que la prensa y los clubes seguían en lo suyo como si nada hubiera ocurrido?
Considero que, esto no es otra cosa que el simple reflejo que como sociedad estamos padeciendo de un grave problema. En este Blog siempre pondremos énfasis en que para decirnos país desarrollado o viable, no es suficiente la mejora en los números de la economía. Mientras no seamos un pueblo acostumbrado a respetar normas, reglas, leyes, seguiremos siendo un país atrasado. Mientras no sepamos convivir, mientras no nos interese el bien del prójimo, de nada nos sirve ver cambios en nuestro entorno. Un grupo de modernos edificios, de carros del año, de artistas extranjeros, de smartphones de última generación, no nos hace un país que ha logrado salir de la miseria, puesto que ésta no solo es económica, sino también, moral y esto último aún abunda y está impregnada en nosotros, en nuestras raíces.
Un ejemplo palpable de esto, es que, luego de lo ocurrido, algunas personas se han apurado en advertir que los palcos son propiedad privada y por lo tanto no existe responsabilidad en la dirigencia del equipo que jugaba de local; que no existe responsabilidad en la Junta de Propietarios o administración de dichos palcos puesto que cada propietario es dueño y por lo tanto se hace responsable de lo que ocurra dentro de cada uno. Queda claro que no existe cultura adecuada para entender cómo se ejerce este tipo de propiedades. No existe cultura adecuada en la dirigencia de un club para saber cómo manejar, administrar un escenario con determinadas características.
El dinero no lo da ni hace todo, sin educación, sin cultura no se tiene nada en realidad. El asesinato de Walter Oyarce nos permite entender que aún no estamos para tener escenarios deportivos modernos, si el desorden y el caos es tan igual que en un potrero. Tener estadios con palco, según nuestra realidad, resulta aún una extravagancia.
OTROSI:
Se está diciendo que el descontrol al interior de la edificación que alberga los palcos del estadio Monumental es tal, que es posible que los propietarios, sus invitados o sus arrendatarios puedan ingresar licor, drogas, armas como lo más natural del mundo.
Se sabe que en los encuentros que se llevan a cabo en dicho estadio, suelen arrojarse objetos a la tribuna. Puedo decir que eso es cierto, aún cuando no se trata de un partido de futbol.
En mayo de éste año, asistí con mi familia a un concierto que se dio dentro del estadio, me ubiqué en la tribuna norte, parte alta y en medio de la presentación desde uno de los palcos de dicha tribuna se lanzó bengalas encendidas al público que estaba debajo. La tribuna, como el estadio, estaba al tope, por lo que pudo haberse ocasionado una tragedia descomunal.
Max Marruffo S.

domingo, 25 de septiembre de 2011

MALA REACCIÓN INICIAL DE PARTE DEL GOBIERNO. LA MUERTE DE UN HINCHA ES LAMUERTE DEL FUTBOL (II)

Salomón Lerner
Resulta patético, de parte de representantes del Poder Ejecutivo, poder del Estado a quien le corresponde velar por la seguridad interna, la vida y la integridad física de las personas, así como del patrimonio público y privado, que se insista en tratar como a iguales a las hordas de criminales llamadas barras de futbol.
El Jefe del Gabinete, Salomón Lerner, insiste en obligar a las barras a empadronarse mediante un registro de hinchas.
Pregunto ¿Resultaría razonable plantear que se haga un empadronamiento de terroristas, traficantes de drogas, asaltantes, violadores, miembros de bandas y organizaciones criminales?
Esta primera reacción resulta benévola y condescendiente. Así quiere este gobierno luchar contra la delincuencia.
Las barras ya dejaron de ser, hace años, un fenómeno vinculado al deporte. Hoy nada tienen que ver con él o la afición a un determinado club.
 Max Marruffo S.

LA MUERTE DE UN HINCHA ES LA MUERTE DEL FUTBOL

Vista interior del palco donde ocurrieron los hechos.
Actos de barbarie no permiten ningún tipo de introducción, nos obligan ir al grano.
Lo ocurrido la noche del último sábado, en una de las tribunas del estadio Monumental de Ate, no es el primero sino uno de los tantos hechos asociados a esa monstruosa deformidad que medios de comunicación y nosotros, los ciudadanos, insistimos en llamar futbol peruano.
Aunque ya todos los detalles de la muerte de Walter Oyarce (lanzado de un palco al vacío), para este momento, hayan sido cubierto por diarios, noticieros radiales y televisivos, es necesario dejar sentado algunas cosas que nos permitan exigir a las autoridades policiales, del Ministerio Público y del Poder Judicial actúen con la seriedad y severidad necesaria.
Matar por motivos nimios o fútiles como el no compartir la afición por un determinado club (equipo) de futbol es delito de asesinato no de homicidio.
Muchos se preguntarán cuál es la diferencia.
Tanto el asesinato como el homicidio, constituyen delitos contra la vida, de acuerdo al Código Penal peruano.
Ambos delitos se materializan cuando una persona le quita la vida a otra, esto es, la mata.
La diferencia radica en los medios que se utilizan para cometer el hecho o los móviles (motivos) que nos llevaron a ello (además de la intención). La utilización de determinados medios y la existencia de ciertos móviles convierten al asesinato en un delito más grave, pasible de una sanción mayor. En cambio, en el homicido solo existe la intención de matar desprovista de todo aditamento.
Cuerpo de Walter Oyarce camino al hospital.
 Der. fotografía de la víctima.
El homicida quiere el hecho y nada más; el asesino lo quiere de cierta manera, con ciertos medios que lo hagan efectivo; el homicida puede aducir razones (aunque de ningún modo justificadas o exculpantes); el asesino mata por cualquier estupidez, el acto refleja su nulo respeto por la vida ajena, su impulso normal es liquidar, muestra de su perversidad. Esto es lo que se entiende como ferocidad o placer en la ley peruana.
El asesinato no tiene atenuantes.
La mayoría de casos de muerte criminal entre jóvenes y adolescentes en Lima tienen como móvil la pertenencia a barras de equipos de futbol rival. Jurídicamente, todos estos casos son asesinatos, que como lo hemos expresado representan un hecho de mayor gravedad y que refleja el desprecio por la vida ajena de parte de sus autores.
Sin embargo, cabe tener presente, que las víctimas de la violencia por parte de  las barras no son únicamente miembros de otras barras, sino también, transeúntes, pasajeros, comerciantes y cuanta persona ajena a estos delirios tiene la mala suerte de cruzárseles en el camino.
Resulta indignante que se disponga de gran cantidad de miembros de la Policía Nacional del Perú, así como de recursos, para que sirvan de escolta a estas hordas camino a los estadios que en realidad se han convertido, ya hace mucho, en circos romanos o campos de batalla, muy lejos de ser recintos donde se practique un deporte. Es como si las fuerzas del orden fueran destinadas a acompañar a delincuentes a cometer sus fechorías. No existe ninguna razón que permita justificar tales despliegues.

Nos corresponde a todos parar en seco algo que nosotros mismos hemos impulsado y apañado. Hemos permitido que la distorsión de un juego acapare las noticias relacionadas con otras prácticas que si les corresponde el calificativo de deportes. Se ignora a gente que en silencio conquista medallas, campeonatos por darle cobertura total. Somos adictos a las crónicas que dan cuenta de rivalidades personales o institucionales con el cuento de calentar el ambiente. No nos damos cuenta que con eso de alguna manera estamos dándoles razón de ser a esos criminales.
No debemos perder el instinto de protestar. No es justo que nuestros hijos, vayan a un espectáculo deportivo y nunca más los veamos regresar a casa. Exijamos a las autoridades cortar el cordón umbilical que une a estas hordas con los clubes; investigar el tipo de relación existente entre los jefes de esas pandillas con los directivos; que se prohiba el destinar un número de entradas para las barras.

En muchas ocaciones a quedado demostrado que los clubes han permitido a esos miserables tener alguna ingerencia en su vida institucional (como es el caso de cambios de entrenadores, rendimiento deportivo, etc.). Los clubes deben asumir de una vez por todas su responsabilidad, al fin de cuentas, el futbol para ellos representa un negocio. Nosotros, la comunidad, no tenemos obligación de ceder nuestras calles, nuestro patrimonio, nuestra integridad física para que les sirva de medio para expresar sus frustraciones. 
Max Marruffo S.