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| Filas hay en todas partes del mundo. |
Hace muchísimos años, cuando era niño, pude leer en la revista Selecciones de Reader's Digest, un artículo que se refería a las filas o colas (como nosotros le llamamos aquí en Perú).
El autor, cuyo nombre no recuerdo, empezaba diciendo que para conocer la idiosincrasia de un país que se visita, basta formar una de ellas.
Creo que esa lectura marcó mi vida para siempre. Ahora, cuando irremediablemente tengo que hacer cola para algo (casi todo en el Perú), me pongo a la defensiva. Y es que aquí, en una cola sale a relucir toda nuestra falta de civismo.
Por ejemplo. Es común ver a personas en un supermercado, empujando un cochecito lleno de productos, ponerse en la cola de una caja rápida (donde se puede pagar una cantidad máxima de productos) y en donde cuelga un letrerito que dice: Solo canastillas. Algunas de estas personas, cuando el cajero o algún supervisor de la tienda les advierte del aviso, responden que no llevan muchas cosas y el carrito sólo es por comodidad. Esta salida aparentemente sería razonable, si es que, el espacio de las cajas rápidas estuviera diseñado para permitir el paso de los coches, pero, no es así. Lo peor de todo es que, luego, lo abandonan justo por donde debemos pasar los demás.
Otro caso, y el más común es aquel, donde la persona que está delante de nosotros repentinamente nos pide que le guardemos la cola y se va, sea, a tomar asiento en algún lugar no muy lejano o a comprar algo que se había olvidado. A partir de ese momento, Usted se convierte en su centinela, en el responsable de la cola de ese simpático señor o señora. Lo más gracioso es, que siempre llega cuando nos toca ser atendidos. La variable extrema de esta situación se da cuando, el que le pide guardar la cola es la persona que está detrás suyo. En este caso, se entiende, debemos estar volteando a cada momento para poder cumplir con el mandato(*).
Es una suerte de ficción, esta, donde se reservan espacios físicos, que deben ser respetados sí o sí, independientemente de mi descuido, mi negligencia, falta de previsión o cansancio. Es mi cola y punto ¡yo estoy aquí! es el argumento final.
También, es el caso de la persona que recién llega a la cola y comienza a dar órdenes de avanzar o comienza a fustigar al cajero o cajera, sin respetar la tranquilidad o paz espiritual de los demás. O, el caso, de la persona que sin conocernos voltea y nos quiere hacer parte de una conversación, a la que no estamos dispuestos o no esperábamos tener, sobre la situación y la corrupción en el país.
¿Se contravienen normas legales, ordenanzas municipales con estos comportamientos?
No, pero sí es falta de consideración para con los demás. Esos comportamientos dejan al descubierto esa vocación que tenemos de imponer nuestras reglas, de crear ficciones por sobre la razón, la cortesía y urbanidad.
Usted se ha preguntado el por qué de tantos conflictos sociales. Bueno una de las respuestas es esta. Comportamientos que podrían parecer inocuos, pero que generan un clima de tensión que va convirtiéndose en hechos mayores. Comportamientos que son el primer paso para acostumbrarnos a pasar por encima de los demás atendiendo sólo a nuestros intereses y comodidades.
(*) No es necesario creo, por salud mental, referirnos al caso de las personas que encuentran algún familiar o amigo en una cola.
Max Marruffo S.

