martes, 11 de octubre de 2011

ASCENSORES Y TRATO DESIGUAL

Edificio de la Policía Nacional del Perú
Av. España
Por motivos de trabajo suelo visitar muchos edificios públicos, sobre todo, las instalaciones de los diversos órganos del Poder Judicial y del Ministerio Público.
Si bien creo que estos órganos del sistema judicial requieren y merecen amplios locales y equipamiento de primera para realizar la delicada labor que significa impartir justicia y coadyuvar a ello, muchas veces también he temido que el esmero en el mantenimiento de sus locales, el trato y consideraciones que ahora se está dando a los magistrados, nos hagan y les hagan olvidar a estos que lo más importante es que el ciudadano vuelva a tener fe en su trabajo.
Una tarde que esperaba en las afueras de un juzgado pude ver que una magistrada llegaba con su automóvil a la zona de parqueo y cómo, de manera solícita, un empleado de seguridad, vino a la carrera a retirar una suerte de caballete que custodiaba uno de los estacionamientos, para que la magistrada pueda ingresar su auto. Pensé, si el hecho que la magistrada baje de su auto y retire por ella misma el caballete la denigraba de su condición de magistrada, o más bien, la haría sentir parte de un personal público al servicio de la comunidad.
Otro día, que tuve la necesidad de dar un informe oral ante la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia de la República, fui conducido a una pequeña sala de espera, dentro del viejo Palacio de Justicia, y como me encontraba un poco ansioso, no me sentía cómodo esperar sentado, me levanté y me asomé a mirar por la puerta que daba a la sala en donde sesionaba el tribunal. En ese instante, pude ver, que uno de los jueces supremos, abandonaba la sala para recibir una llamada telefónica que le fue anunciada por un trabajador o personal de servicio, quien, a manera de reverencia, inclinaba su cuerpo a medida que el juez se alejaba a su despacho a tomarla. La escena me hiso recordar aquellas viejas películas de reyes y vasallos.
¿Será esa la razón por la cual, algunos jueces y fiscales creen ser dioses y se olvidan que son solo jueces y fiscales?
El cargo de juez, es uno de los cargos más delicados de la función pública, pero no deja de ser humano y vuelvo a lo que reflexionaba al principio, es correcto que se de ciertos tratos y consideraciones dignos de ese cargo pero no sirve el exceso porque se comienza a perder de vista la realidad y la razón por la que se les tiene allí.
Ayer, tuve  la necesidad de acudir al edificio de la DIRINCRI de la Policía Nacional del Perú, ubicado en la Av. España, ese edificio de formas raras o extrañas que da la impresión que el arquitecto o ingeniero que lo diseñó jamás tuvo una clara idea de lo que  quiso hacer con él. Me habían citado al Departamento de Pericias Contables. Así, me acerqué a la recepción y recabé mi pase, pregunté dónde y en qué piso quedaba, me dijeron que en el décimo piso. Cuando me paro al lado de los ascensores sin percatarme que las luces de los botones de subida y de bajada estaban apagadas, una persona se me acercó y con voz propia de un miembro de la policía me dice que los ascensores están malogrados y que tenía que subir por las escaleras. No me dio tiempo a preguntar el por qué ni mostrar nada que parezca, de mi parte, un lamento o una queja. Fue una suerte de orden que debía cumplir sin dudas ni murmuraciones. Luego, con mi corazón saliéndose de mi pecho y las sienes reventándome, llegue a mi destino y lo primero que pregunto a la persona que había requerido mi presencia en dicho oficina pública, fue por el tema de los ascensores y esta, como la cosa más natural del mundo, como si se tratara de algo normal, como si estuviera acostumbrado a ello, me dijo, que efectivamente, estaban malogrados y que la reparación iba a esperar hasta el mes de febrero (se entiende del próximo año). Sin embargo, esto no fue lo peor. Cuando estábamos ya conversando respecto de aquello que tenía relación con mi visita, otro policía se acerca y le pregunta a mi interlocutor si había o no había agua en los baños. La respuesta fue que no.
La Policía Nacional del Perú es una de las instituciones que atraviesa por serios problemas respecto de las remuneraciones que recibe su personal, hecho que se agrava porque ellos, los miembros de la policía, por mandato de la Constitución no pueden sindicalizarse ni ejercer derecho de huelga.
La Policía Nacional del Perú también forma parte del sistema judicial, como órgano de auxilio, pero, además, es la que combate a la delincuencia en las calles.
¿Por qué esta diferencia de trato con ellos? ¿No merecen a caso, tanto como los jueces y fiscales, un trato digno?
Además, el edificio de la Av. España es un edificio público y como tal debe ser accesible para la ciudadanía que tenga que realizar alguna diligencia en sus oficinas. Nadie se ha tomado la molestia de pensar que a esas oficinas públicas también acuden o pueden acudir gente de la tercera edad y discapacitados. En todo caso, cuando uno es citado a una oficina pública no se nos está castigando ni tampoco haciendo un favor, se está cumpliendo una función y se debe dar las facilidades del caso al público usuario. Exigir, como en mi caso, se tenga que subir a pie diez pisos, es una falta de respeto y no dejaría de ser razonable exigir que el funcionario que nos cita baje a atendernos si no queremos subir. Pero, fuera del malestar que esto causa, no podemos evitar preguntarnos ¿Esta es la manera como se quiere tener a una Policía eficiente, denigrándola ante los ciudadanos?
Acabo de recordar que, un par de años a tras, un noticiero de la televisión en un reportaje dio a conocer la serie de comodidades que tenían los miembros del Congreso de la República. Una de ellas era un salón de peluquería y arreglo personal.
Resulta una broma de mal gusto que se gaste tanto dinero en publicidad que entre otras cosas difunde la idea que a la policía se le debe respeto mientras que el propio Estado la ofende con su abandono.
Max Marruffo S.

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