sábado, 3 de marzo de 2012

EL “FUTBOL” PERUANO Y LA LEGALIDAD


Si bien, era la historia de siempre, esta vez, una nueva derrota de los equipos peruanos en la Copa Libertadores (Aurich y Alianza Lima), algo hacía presagiar.

La portada del mes de febrero de la revista distribuida por la misma empresa de cable que auspicia el torneo profesional con cierto aire despectivo se refirió a él como “Futbol a la peruana”. Al interior, el artículo correspondiente iniciaba con el siguiente encabezamiento: “Nuevo Comienzo. Con mucho que mejorar”. Uno de los redactores expresaba que “Para mejorar nuestro futbol debemos ser serios”.

El presagio iba tomando forma. Todo tiene un límite. No se puede vivir de espaldas a la realidad. El hastío en el aficionado pensante ya es evidente.

La misma semana en que se jugó la primera fecha, un diario especializado en economía y negocios, publicaba un artículo donde algunos de los sponsors exigían de los equipos que patrocinan resultados y profesionalismo.

Lo que vino después ya es historia conocida por todos, pero, a diferencia de otras “crisis”, ésta, en esencia, implica un no va más. El final de una historia miserable en el deporte profesional peruano.

No obstante, hasta el día de hoy, el periodismo y la opinión pública o no se dan cuenta o consciente y vergonzosamente voltean el rostro para no ver algunas otras cosas que se han destapado.

¿Es posible, en un país regido por un orden jurídico, amonestar, reprender, criticar a una persona tan solo por el hecho que reclama se respete su contrato de trabajo y que se le pague lo que se le debe?

Atónitos hemos visto por televisión a muchos “directivos” declarar en contra de jugadores por haberse agrupado y colectivamente haber exigido se les pague sueldos atrasados como si ello fuera reprobable. Aquellos “directivos” consideraron desleal esa actitud y la culparon de haber impedido el que siga adelante aquel torneo que su propio auspiciador ningunea.

Esos directivos quieren que las cosas continúen tal y como están. Con sus clubes en la banca rota, llenándose de deudas impagables no solo con la administración tributaria sino también con sus propios empleados (jugadores, técnicos, etc.). Esos directivos quieren (y en algunas oportunidades lo han logrado) un trato diferente por parte de la Autoridad Administrativa y Judicial del dispensado al resto de nosotros los mortales.

Por otro lado ¿Es posible que se hable con tanta tranquilidad de la existencia de planillas firmadas por algunos jugadores de futbol con lo que estos aceptan haber cobrado sus mensualidades que en verdad no han recibido tan solo para que el club pueda seguir jugando en el campeonato?

En otros países y en el Perú mismo, eso se califica como delito Contra la Fe Pública.

No he escuchado a nadie referirse a este hecho de ésta manera.

Entre los delitos Contra la Fe Pública existe la denominada falsedad ideológica, que se constituye cuando en un documento aparecen hechos o declaraciones que nunca han existido. En las llamadas (por la prensa) planillas falsas se hace aparecer pago de haberes que no han existido.

Ahora, algunos dirán que esto no es suficiente para constituir el delito de falsedad ideológica porque, además, se requiere el perjuicio.

Pues bien. Uno de los hechos que de manera más trascendente se ha resaltado en esta nueva “crisis” del futbol peruano, es la retirada del equipo de la Universidad San Martin de Porres.

A diferencia de otros, en dicho equipo las cosas se presentaban dentro de lo debido, no había problemas administrativos, los jugadores cobraban sus mensualidades, etc. Los directivos toman la decisión porque consideran injusto que se mantengan en el campeonato, o se les permita jugar a equipos que no cumplen con sus compromisos económicos al igual que ellos. Esto es, la Universidad San Martín considera que a estos últimos  se les da un trato preferente a pesar que incumplen con las bases del torneo.

Argumento razonable, desde todo punto de vista. Como razonable es el hecho que decida retirarse puesto que esto implica un perjuicio económico para ellos, ya que, mientras la San Martín paga sus deudas y a veces, cosas del deporte, los resultados no le son favorables, los otros logran de hacerse de títulos y posiciones que les permiten acceder a torneos internacionales.

Creo yo, que esto constituye el perjuicio exigido para que, junto a la falsedad ideológica, se haya dado el delito Contra la fe Pública.

Mas, los dirigentes de la San Martin no lo denuncia así.

A comienzos de esta semana, la San Martín dio a conocer que estaba preparando demandas contra la Asociación de Futbol Profesional y la Federación Peruana de Futbol por Indemnización por Daños y Perjuicios. Este anunció motivó que el Presidente de la Federación negociara con ellos su retorno al campeonato ofreciendo la aplicación estricta del reglamento y de las sanciones a los equipos morosos.

Ayer viernes, finalmente, se informó que la Universidad San Martín se ratificaba en su decisión. Y se entiende que una institución ligada a una casa de estudios profesionales de prestigio no puede avalar situaciones patéticas como la que se vive hoy en el futbol peruano. Pero ¿la San Martín ha utilizado la palabra delito?

No.

La San Martín, entonces, no deja de pertenecer al mismo sistema de los otros clubes. Su retiro puede ser un paso aleccionador, pero es insuficiente mientras tan igual que aquellos a quienes culpa calle la verdad de las cosas y no las llame como debe de ser.

El futbol peruano se ha convertido en un Estado dentro de otro estado, donde quienes lo dirigen hacen de la ley lo que se les da la gana.

Esto amerita una investigación por parte del Ministerio Público o del Congreso de la República que luego termine en un proceso judicial contra los que resulten responsables. Sabe Dios qué otros hechos ilícitos se encubren con el nombre de “Torneo de Futbol Profesional Peruano”.

Los delitos Contra la Fe Pública son delitos de persecución pública, esto es, deben ser perseguirlos aunque las víctimas no lo denuncien.

Quizás, es un buen motivo para comenzar a legislar en el Perú la corrupción en el ámbito de la actividad privada. Nuestra Ley Penal solo persigue con el nombre de “corrupción” los actos ilícitos de servidores y funcionarios públicos que afectan la administración pública. Los actos fraudulentos en la actividad privada son sancionados a través de otros delitos que no constituyen propiamente corrupción, a diferencia de otras legislaciones.

La corrupción es una característica del desenvolvimiento de nuestra sociedad.

El futbol peruano es corrupto, fuente de ilicitudes, que por el amor a una camiseta pasan desapercibidos.

MAX MARRUFFO S.