miércoles, 9 de noviembre de 2011

DE MALAS. CRONICA DE UN DEPRE

Lunes por la mañana. Camino a desgano. Ciento que éste año me resultó fatal. Mas, no puedo hacer otra cosa que seguir vivo y lucharla cada día. Tengo una familia que atender. Por ello ando alerta a todo aquello que pueda ahondar más mi bajón anímico a efecto de driblearlo y así lograr por fin recuperarme.

Quizá estoy muy sensible y por ello es que puedo darme cuenta de algunas cosas que en mi lucidez normal no lo hago. Por ello, permítanme advertirles, por si no se han dado cuenta, a la serie de agravios a lo que nos enfrentamos cuando caminamos por las calles de esta nada amigable ciudad de Lima. Quizá son estas cosas la que nos tumban de un día a otro sin que podamos percatarnos:

- Parado en el cruce de la Av. Wilson con Paseo Colón, vereda del Museo de Arte. Quiero cruzar hacia el antiguo parque Neptuno, en dirección a la moderna Plaza Real. La policía femenina, a cargo de la dirección del tránsito, ha dado la orden, tengo derecho de paso. Cuando estoy presto a bajar la vereda, subo la mirada y de sorpresa me doy con la parte lateral de un micro que se  ha parado en pleno crucero peatonal, al inicio de la cuadra, frente a mi, para que el cobrador del mismo llame a posibles pasajeros. Así, se me plantea el problema de, cruzar bordeando la parte trasera del vehículo, lo que implica tener que exponerme a los carros que cruzan el Paseo Colón por la Wilson; o hacerlo por delante, exponiéndome a que el chofer parta intempestivamente sin importarle si estoy delante o no de su herramienta de trabajo. Sensación: Para este par de mierdas no existo. El asunto es que si espero a que reanude su marcha, la policía de tránsito, ya debe haber dado la orden de detenerse para quienes siguen mi ruta y ha cedido el paso a quienes la atraviesan. Pierdo tiempo para que un peruano que tal vez tararea de muy buena gana esa canto lastimero de soy peruano soy trabajo haga Perú.

- Sigo caminando. Ahora ya estoy en el cruce de la Wilson con la Av. Bolivia, justo al costado de Plaza Real. Espero a que el semáforo cambie a verde. Desesperados conductores ante la inminencia del cambio a una luz que les desagrada, pese a que se plantan por varios segundos en cada esquina a ver si sube alguien (otros son felices con la Roja ya que nuestro tiempo es de ellos), comienzan el ataque con esa arma brutalmente mortal y que en Lima (y todo el Perú) las autoridades permiten ser usadas en nuestra contra: los claxon o bocinas. Siento que de un micro, cuyo señor conductor no tuvo la pericia de moverlo antes que cambie la luz, se dispara contra mi cerebro, mi espíritu y mi alma, dos letales bocinazos de carretera que me los dejan retumbando hasta cuando ya he avanzado tres o cuatro cuadras minutos después. Sensación: Quisiera tener el cuello de su madre y apretárselo hasta que este cojudo me pida perdón. Pero no, sé que eso sería intento de homicidio y aún cuando le explique al juez que lo hice por grave alteración de la conciencia, me chantará alrededor de 10 años de pena privativa de libertad (con el agravante que soy abogado y por lo tanto sabía muy bien lo que hacía). Solo me queda mirar al cielo y lanzar ese reto milenario de: si existes, por qué no te lo llevas Señor que implica pecado o herejía.

- Asustado, no obstante que normalmente camino cerca de 40 cuadras diarias so pretexto de hacer ejercicio y mi corazón y bolsillo se encuentren en buena forma, decido, que las pocas 5 cuadras que me separan de mi destino, hacerlas sentado cómodamente en un bus de transporte “urbano”. Bueno no queda otra cosa que aceptar que el enemigo existe y a veces (muy a veces) es necesario. Subo. Me siento. Relajo mis músculos de la espalda y estiro mis piernas con cuidado para no chocar con los pies de la simpática señora que está sentada en el asiento de adelante. Miro por la ventana, la gente en su trajín diario, una cosa de locos. No me doy cuenta y se ha subido un tío que pide limosnas so pretexto de vender algo. Nos cuenta la surrealista historia de un familiar suyo que está en el hospital, acreditándolo con unos papeles que ni él mismo sabe que dicen o de qué se trata, su insinceridad se refleja en su rostro (poco más abiertamente se caga de risa de nosotros). Bueno, hasta ahí, ya mi indignación ha logrado encallecerse, tenemos que aceptar que en nuestro país el fraude forma parte de nuestra idiosincrasia, pero, y aquí viene, previendo que entre su público hay gente sensible (yo diría cojudísima), el tío nos hace recordar que tenemos una familia, madre, esposa, hijos e hijas, que tenemos vida y salud y que él no quisiera que les pase nada, una enfermedad, una mala situación económica, etc., por eso para conjurar ese presagio termina diciendo colabórame hermano hoy por mí mañana por ti. Sensación: Este huevón no solo nos mete un cuento, una milonga, sino que, además, se da el lujo de maldecirnos. Lo más chistoso es que en ese momento me doy cuenta que adheridos al parabrisas del micro hay dos stickers con leyendas que dicen: no distraiga al chofer; y otro, prohibido ambulantes. Qué bueno el chofer que sí nos permite distracción durante nuestro viaje; qué bueno que el chofer hace cumplir las disposiciones del comité de transporte al que pertenece. Qué bueno el chofer que hace respetar a sus pasajeros.

- Haciendo fila (cola) en una agencia bancaria. Frente a mí, frente al público hay un enorme mostrador con muchísimas ventanillas, de esas muchísimas, solo atienden dos, el resto muestra ese cartelito que parece ser invento peruanísimo como el turrón: cerrado sirvase pasar a la siguiente ventanilla. Es el medio día, momento en que todo el mundo quiere ir al banco, no hay otro momento por motivos de trabajo. Los que atienden en ese par de ventanillas demoran todo lo que su conversación con el compañero del costado (de una ventanilla cerrada) le permite. Entre risa y risa, atienden cada 20 minutos a una persona. Así, fácil hago hora y media para hacer un depósito (a cuenta ajena por cierto). El vigilante nos pide constantemente que no desordenemos la cola (fila), que apaguemos celulares, poco más, nos pide que no nos quejemos por la demora en la atención. Acalorado (ya hace un poquito de calor ¿verdad?), cansado, soportando la conversación sobre si Chehade debe o no renunciar que me plantea la persona que está detrás mío, habida de señalar sus puntos de vista a quien quiera escucharlo, veo que una robusta señora ¡oh sorpresa! ha encontrado a una compañera de trabajo ubicada delante de la fila, a punto de tocarle ser atendida a quien le pide: Amis... aprovecha para hacerme esta transacción, por fa…, como están tus hijos…Sensación: Esta gorda ¿sufre de la vista y por ello no nos ve? ¿O le interesamos un carajo? La amiga ¿Es una amiga de verdad? o ¿También le interesamos un carajo? Ya, no hay problema… mis hijos están bien, me están esperando para prepararles el almuerzo. Me dan ganas de decirle que las mías igual, pero, debido a que se ha hecho dueña de la fila, dueña de nuestro tiempo, dueña de nuestra dignidad van a tener que almorzar más tarde que sus hijos. El problema es que, cuando se le reclama al cajero, este mira y no responde. El resto calla ¿Dónde está nuestro deseo de ser respetados? Lo que pasa es que Ud. es un amargado me escupe una señora que está a tres personas detrás mío, cuando reclamo que no debe permitirse que sin hacer cola recién llegados hagan sus transacciones por medio de otros que ya están siendo atendidos. Capto que la señora que pretende acallar mi reclamo, estaría añorando que le ocurriera lo mismo, haberse encontrado con un conocido en la ventanilla.

Vuelvo a casa. Final del día.

Ud., yo y muchos más, hemos sufrido atropellos, ofensas y abusos en esta jornada, y cuando solo estamos concentrados en nuestros quehaceres diarios pasando los días sin que nos demos cuenta, esos atropellos, ofensas y abusos no los percibimos, incluso los aceptamos como parte de la vida, de nuestra vida. Estoy seguro que tarde o temprano de no causar stress son los que provocan decaimiento, abatimiento, depresión y unas enormes ganas de mandar todo a la mierda, esto es: mal humor.

¡Ah! me olvidaba, prendo el televisor para ver las noticias, y un político chistoso, respecto del caso Chehade, recomienda que éste dé un paso al costado, no dice que renuncie. Sensación: Me convenzo, ahora hay formas más sociales, suaves, inocuas de disfrazar la verdad. A Oblitas, Autori, Chemo del Solar también le pedían que dieran un paso al costado, cuando por los resultados con la selección de futbol, era evidente que habían FRACAZADO.

Nuestra sociedad ¿También debe dar un paso al costado?

MAX MARRUFFO S.